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Loncheras: La tortura eterna de toda madre

por Alida Werner

 

Diariamente trato de hacer algo de  magia para lograr que las loncheras de mis niñas regresen a casa revueltas y con los tapercitos vacíos. Pero lo cierto es que tengo un público exigente y algo voluble por lo que la magia no siempre resulta y las loncheras regresan tal como salieron de casa por la mañana.

 

No me importa si tengo que levantarme antes de lo habitual para lograrlo, pero saber que han comido bien me da tranquilidad y me regala un poquito de tiempo extra para preocuparme de otras cosas igual de importantes. Y es que como casi todos los niños, mis hijas (sobre todo la mayor) se emocionan con los menús ajenos y se desencantan de los propios tan rápido como pasan de la risa al llanto. Hoy, las barritas de zanahoria crudas y crujientes son un manjar  fantástico que mañana pasará al olvido al ver la gelatina que llevó al colegio un compañero suertudo (reconozco que soy una convencida de evitar el consumo innecesario de  azúcar en la dieta de los niños, aunque de vez en cuando me relajo).

Tomates picados, aguaymantos, palitos de yuca, huevito duro de codorniz,  galletas de avena, algunas tostaditas con mantequilla, maní con pasas y un pomito de fruta picada son algunas de las opciones que acompañan las mañanas de mis hijas, mientras que para el almuerzo, las ensaladas frescas con un poco de proteína son un opción muy popular junto a los fideos con mantequilla y quesito. Debido a sus exigencias y requerimientos he aprendido algunas cosas que jamás debo hacer, como:

 

  • Cortar las manzanas la noche anterior (se oxidan y no lucen bonitas y el limón cambia  su sabor).
  • El plátano chancado jamás será bien recibido.
  • Si el quesito parmesano no está en un pomito aparte, entonces los fideos no sabrán rico.
  • Las barritas de zanahoria deben estar firmes y dulces.
  • Lo que hoy les pareció sabroso será un error imperdonable si se repite al día siguiente.
  • El choclito sancochado y el brócoli quedan buenísimos con un poquito de mantequilla y unas gotas de limón.
  • Hay que sacarle las pepas al tomate para que se mantengan secos hasta la hora del  Almuerzo

 

Debo decir que logran confundirme cuando me miran con sus caritas más correctas y me dicen: “Wow Mami eso se ve delicioso”,  a lo que yo respondo (profundamente entusiasmada) con una pregunta: “¿Te sirvo un poquito?” y recibo un tajante y muy transparente “NO”.  Pero he descubierto que si ellas participan y ayudan en la preparación de lo que van a comer, tenemos más oportunidad de alcanzar el éxito culinario, es por eso que nos estamos volviendo expertas en el arte de preparar un rico y humedito bizcocho de plátano. Es súper fácil y sano:

 

  • 90gr  de mantequilla o margarina.
  • 1/2 taza de azúcar rubia o panela.
  • 2 o 3 platanitos bien maduros (a veces le pongo una manzana rallada).
  • 3 huevos grandes.
  • Un chorrito de vainilla.
  • Canela (yo le pongo mucha).
  • 1 cucharada de polvo de hornear.
  • 1 taza de harina.

 

Suavizo la mantequilla y ellas esperan desesperadas y desesperantes para poder mezclarlo todo una y otra vez, mientras echan el azúcar y se pelean por batir los huevos. Logro que una chanque los plátanos para que la otra pueda seguir moviendo la preparación. Al final, harina, polvo de hornear y canela terminan regados por toda la mesa y la mezcla se mueve a dos manos (en realidad a tres) hasta que está lista para ir al horno que ya prendimos hace rato y está bien caliente, porque si no demora mucho. Treinta minutos más tarde está cocinado, calientito y oloroso, y no puedo evitar preguntarme si las loncheras del día siguiente volverán quietas o alborotadas, pero la verdad es que no importa el resultado, pues pudimos pasar un momento juntas haciendo algo que quedará en el recuerdo de un olor tibio cada vez que pasen cerca de un bizcochito de plátano.

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Alida Werner
Alida Werner
Artista plástica y educadora. Mamá de dos niñas y experta en panqueques y en picar manguito. Está comprometida en aprender a ser una buena madre. Para todo lo demás existe Google.