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Para Mamás

Cuando los hijos tienen el poder

por Auténticas

Es importante a la hora de relacionarnos con los chicos, saber poner límites y no cumplir todas sus peticiones y caprichos. Evita que tomen el poder de la casa.

Para empezar, debes tener en cuenta que los niños pueden manifestar esta postura desde los primeros años hasta la adolescencia. donde el diálogo y la comunicación son difíciles de establecer.

Un grave error es que cuando el bebé llora le hagamos, que si hace berrinche porque quiere el chocolate se lo compremos y que si el adolescente promete que si le compramos el Playstation pasará todos los ramos, se lo compremos. Esta actitud se denomina síndrome del emperador: actitud o maltrato de los hijos hacia los padres, donde los niños aprenden a controlar a los adultos logrando que obedezcan y cumplan sus exigencias, caprichos y berrinches.

Los límites son fundamentales desde la cuna. Si un bebé llora y ya fue amamantado y no está enfermo, no es necesario tenerlo en brazos. Podemos quedarnos al lado haciéndole compañía y todo estará bien. Tampoco debemos pedirle permiso o consultarte todo como si fuera un adulto, desde qué ropa usar hasta qué quiere comer.

Hay que tener en cuenta que es muy sano dejar fluir las emociones, a veces hay que dejar que se enojen. Aunque cueste, es muy beneficioso no cumplir con todas las peticiones y que puedan incluir el NO en sus vidas ya que se cruzarán con esta palabra en más de una ocación. En ese sentido, también es recomendable tener cierta empatía con ellos, no ponerlos en contra y que de algún modo entiendan que es lo mejor para su futuro.

A veces es más fácil dejar que el niño juegue con la tablet, celular y hasta comprarle lo que quiere para que no haga un escándalo. Sin embargo, debemos aprender a que hay cosas que no se negocian: a medida que crece la situación no tendrá retorno o será mucho más compleja. No olvides mantener un equilibrio entre la firmeza y el afecto, sin dejar de lado el diálogo y la confianza.

¿Cómo evitarlo?
1) Poner límites desde la cuna.
2) El niño debe asumir responsabilidades: levantar la mesa, ordenar sus juguetes, etc.
3) Evitar la contradicción en la pareja con respecto a sus decisiones. Si el padre dice no, la madre debe mantener ese NO y viceversa. Las conversaciones de pareja siempre es mejor tenerlas en privado.
4) No darles regalos a modo de premio. Una cosa es el reconocimiento a base de esfuerzo que es correcto y estimula. De otra manera, esa persona al tomar un empleo esperará algo a cambio más allá de su sueldo, se sentirá insatisfecho. También podrá verse perjudicado en la relación con sus pares o en los vínculos sentimentales.
5) Dejar en claro quien manda en el hogar y quien es el adulto responsable. No es necesario estar siempre con cara seria, pero sí diferenciar un padre amoroso y compresivo de un amigo.
6) Perder el temor a la reacción de los niños cuando los retamos o le imponemos un castigo.
7) En los adolescentes, también se recomienda que los padres realicen una consulta con un terapeuta para lograr un acercamiento al joven y aumentar el diálogo, siempre sin dejar de lado los de límites.
8) No sobreprotegerlo.
9) Ignorar su berrinche. Deje que se calme y luego podrán hablar.
10) Hablar en calma. Los expertos insisten en que debes mantener la calma durante la rabieta de un niño o todos – madre, padre y niño – entrarán en una lucha de poder. Además, parte de la razón del por qué recurren a las rabietas es para llamar la atención.

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