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Carla Delgado Schambaher y su camino hacia una nueva educación

por Auténticas

La labor del educador es de las más complejas y comprometidas que existen. Más aún si tiene que dirigir, organizar y dar la cara ante montones de padres por la educación de sus hijos en el tramo más crítico de su vida.  Quien nos puede contar un poco más de esta experiencia es Carla Delgado Schambaher, co-fundadora del nido Arcobaleno, a quien entrevistamos para que nos comparta la aventura más gratificante de su vida.

 

1. ¿Qué es lo que se sientes al enseñar?

 

Ante todo, satisfacción; compromiso, alegría, amor, es una mezcla de sentimientos. Prepararte durante varios años para luego transmitir lo aprendido a pequeños no es tarea fácil, pero me llena de felicidad verlos crecer, desarrollarse y madurar en cada etapa de su desarrollo, así como ayudarlos en las dificultades que se les presenten para que después ellos puedan enfrentarse a los retos del colegio. Cuando tus alumnos regresan más grandes, muchos de ellos hasta más altos que tú, y te recuerdan con cariño: es todo. ¡Qué mejor recompensa!

 

2. ¿Cómo era tu vida como profesora antes de tener un nido?

 

Siempre fui una maestra muy comprometida en mis centros de trabajo. Los sentía casi míos, es por eso que me dedicaba al cien por ciento. No había necesidad de que mi jefa me diga qué hacer, era una maestra con corazón y muchas veces priorizaba ese gran compromiso por encima de todo. El horario de nido me permitía no descuidar a mi familia y equilibrar mis responsabilidades. Cuando mis hijos eran pequeños los llevaba conmigo, esa era una gran ventaja para mí y lo mejor es que no me cobraban: estaban becados. Ahora, con en el tema económico, definitivamente mi esposo es el que llenaba la olla porque en aquella época mi sueldo era muy bajo. Recuerdo mi primera boleta, terrible jajaja…

 

3. ¿Cuándo decidiste abrir tu propio nido?

 

Era un sueño que siempre tuve desde pequeña. Acompañaba a mi madre al nido donde ella trabajaba y la veía con sus niños y me decía: “algún día seré maestra y pondré mi propio nido”. Así hice. Quería poner un nido con toda mi experiencia (fueron más de 20 años de trabajar en otras instituciones) para estar en contacto con diferentes propuestas educativas y compartir todas esas vivencias en un proyecto mío. Todo se fue acomodando solo. Conocí a la que ahora es mi socia y, un día, conversando sobre cómo ella no encontraba un nido para su hija que llenara sus expectativas, nos miramos y dijimos “vamos a poner un nido”. Fue muy gracioso; así empezó un sueño hecho realidad. Hoy Arcobaleno tiene 8 años de fundado y tenemos una segunda sede en Chacarilla.

 

4. ¿Cuáles fueron las dificultades que tuviste al inicio?

 

Dificultades, tuve miles. La primera fue encontrar una casa que se adapte y que cumpla con los requerimientos que piden a las instituciones educativas de inicial.

Después el tema de los permisos y licencias: teníamos que tener la aprobación firmada de los vecinos de la cuadra, luego presentar los expedientes al ministerio de educación, defensa civil, la municipalidad, etc. ¡Era de nunca acabar! La cantidad de trámites que teníamos que hacer todos los días era interminables. También tuvimos que afrontar una fuerte inversión económica. El pago del alquiler lo hicimos con 6 meses de anticipo para remodelar la casa y ubicar el mobiliario de las aulas. Nos quedamos cortas con el presupuesto que hicimos al inicio; en fin… al final se logró abrir el nido después de muchas horas de desvelo y trabajo duro.

 

5. ¿Cómo ha cambiado tu vida después de tener tu propia institución educativa?

 

Mi vida ha cambiado por completo y en todo sentido. Ahora que tenemos dos sedes mucho más. El trabajo es constante y nunca acaba; demanda mucho tiempo, horas de sueño, ausencia en casa, capacitaciones. Muchas veces tengo que privarme de pasar tiempo con mi familia porque debo ir a congresos o reuniones con padres de familia, charlas, etc. El nido es muy dinámico, pero siempre hay responsabilidades: primero con los niños, luego con las familias, con el personal, etc. A pesar de todo, siempre gana lo positivo porque, solo con ver a los niños y ver lo felices que son, me siento realizada.

 

6. ¿Qué piensas cuando ves a los niños que van a Arcobaleno?

 

Pienso en la gran responsabilidad que tengo en mis manos porque estoy ayudando a los padres de familia a formar a sus pequeños para el futuro. Los padres han depositado toda su confianza en nuestra propuesta educativa y el nido tiene que estar a la altura de ellas y más. A ellos los veo como a mis hijos, los trato como si lo fueran. El compromiso que tenemos con cada uno de ellos es máximo. Los vemos como seres individuales, con todas sus capacidades para desarrollar y todas las dificultades que se les pueda presentar, por eso queremos ayudarlos para que puedan desarrollarse de una manera integral, respetando sus tiempos y, sobre todo, para que en este proceso podamos hacerlos felices y brindarles lo mejor. Queremos enseñar con el corazón.

 

7. ¿Cuáles son sus proyecciones para el futuro?

 

Dar a conocer aún más nuestra propuesta educativa, la filosofía Reggio-Emilia y… quién sabe, más adelante poder tener una sede en provincia. Si quisiera proyectarme aún más pensaría en poner un colegio donde nuestros niños puedan tener continuidad con esta maravillosa propuesta, que puedan seguir en un lugar que los acoge como en su casa.

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