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Milagros Tuñón y su viaje de emprendimiento

por Auténticas

Milagros Tuñón es una viajera empedernida, una apasionada de sus raíces y una aventurera que no teme emprender un negocio propio. Tras un viaje logró conectar con sus propios sueños y terminó gestando Atipana, una marca de calzado artesanal que busca reivindicar la cultura y estética peruana con sus diseños originales. En la siguiente entrevista, Milagros nos cuenta más sobre cómo se embarcó en este proyecto y cómo se siente luego del lanzamiento de su marca.
¿Cómo nació la idea de crear Atipana?

Estuve trabajando en mi carrera prácticamente sin parar, muy acostumbrada e integrada a la forma en la que una comunicadora y/o publicista trabaja… pero sentía que me faltaba algo. Por otra parte, siempre me ha gustado viajar y, como tenía un trabajo estable con buenos ingresos, podía hacerlo bastante seguido; tal vez por eso me decidí a viajar a Puno y desde ahí empecé a mochilear hacia el sur, hasta Córdoba. Fue una experiencia que me mostró mucho: me mostró la pobreza en la que viven miles (sino, millones) de personas; me mostró que a pesar de las condiciones, ellos saben ser felices y trasladan esa felicidad a todo lo que hacen con sus manos, pero también me mostró un arte que era cada vez más apreciado conforme me iba alejando de mi país. De regreso, la figura fue la misma pero a la inversa: mientras más me acercaba a mi país, más despreciado sentía el arte y la cultura nacional. Tras un mes de viaje, regresé a Puno y me tomé un avión para volver a Lima, aunque no por mucho: al día siguiente viajaba a EEUU. Mi primer destino en gringolandia fue San Francisco, ciudad en la que lo “sustainable, artisanal and organic” es el mantra de todo negocio exitoso y donde la moda no tiene fronteras ni miedo a experimentar con colores y texturas. Fue ahí que empecé a conectar los puntos y se me ocurrió la idea de tener una marca que llevase el arte peruano a algo que se pudiese lucir en el día a día, en lugar de tenerlo como un mero elemento decorativo en casa.

¿Tienes otro trabajo además de tu empresa? ¿Cómo repartes tu tiempo?

Atipana es mi único trabajo. Sí, tengo freelos y algunas cosillas por ahí, pero le dedico alma,  vida y corazón al proyecto pues confío en él y creo que si uno no toma lo que ama como un trabajo de verdad, nunca se convertirá en uno. Gracias al cielo, tengo todavía ahorros de mi anterior trabajo y puedo invertir de manera regular en seguir cumpliendo mis sueños.

¿Cómo te animaste a lanzar tu marca?

Como te comento, tuve muuuucho tiempo para pensar durante esos dos meses de viaje. Ni bien regresé oficialmente a Lima, me llamó Javier –un compañero de colegio que no veía hace años– para saber “en qué estaba” y contarme que hace tiempo quería poner una empresa/negocio de algo y que le gustaría que fuese conmigo. Siendo lo hiperactiva que soy (jaja), le dije que fuera a mi casa ese mismo día para conversar. Le conté la idea de Atipana, le encantó y ese mismo día compramos nuestros pasajes a Ayacucho para empezar la investigación. Así nació nuestra sociedad y así nació Atipana.

Milagros luciendo un bello par de zapatos de su marca Atipana

Elaborar zapatos hechos a mano es un trabajo que requiere de mucha dedicación, ¿qué nos puedes decir en relación a los productos de tu marca?

Uf, no calculas; dedicación queda corto. Nosotros trabajamos con artesanos y diferentes comunidades y asesoramos cada paso del proceso. Es, literalmente, correr de un lado a otro con cueros, tacos, plataformas y badanas esperando que no se haga de noche (porque Barrios Altos de noche es más picante que cualquier ceviche). Nosotros viajamos regularmente a Ayacucho y Cusco para coordinar con nuestras comunidades de artesanos y asegurarnos de que el trabajo que realizan cumpla con los estándares de calidad para un producto 100% durable y con acabados que realmente estén acordes con nuestra propuesta. Una vez tenemos los elementos y los insumos que compramos en diferentes partes del centro, vamos con nuestro maestro zapatero: el señor Mario. Le planteamos y brindamos las referencias de lo que queremos y hacemos el pedido del producto. Es todo un tema, porque primero hay que hacer moldes y muestras de prueba y, solo una vez tenemos un producto 100% cómodo y perfecto, empezamos a reproducirlo en diferentes tallas. Por supuesto que como los detalles y acabados son a mano, nunca hay dos iguales. Todos nuestros productos son 100% únicos y eso es lo que los hace especiales.

¿Cuál es la relación de la marca con las artesanas ayacuchanas?

Las artesanas (en femenino) son nuestras bordadoras. Ellas, dirigidas por Margarita, se encargan de todo lo que es el diseño y bordado. En esta etapa, lo único que yo hago, es elegir los colores de hilos y telas y guiarlas en el resultado final que espero. Ellas, de la mano con un grupo de adultos con habilidades especiales, realizan todo el trabajo con una dedicación y amor que es difícil de explicar.

¿Cómo le va a la marca hasta ahora?

La recepción que hemos tenido por parte del público en general es asombrosa. Me hace muy feliz saber que a todo el mundo le gustan y le parecen únicos. Por supuesto, al ser un producto hecho 100% a mano y 100% sustentable, los precios se elevan y eso dificulta la entrada al mercado. Sin embargo, creo que no es una locura creer y asegurar que vamos a lograr todas las metas que nos proponemos. Por el momento, estamos en Qente, una tienda en Cusco, muy cerca a la piedra de 12 ángulos. Además, estamos en conversaciones con algunas boutiques en Lima y en un proceso de exportación a Australia.

¿Qué has aprendido de tener tu propio negocio?

Que no es fácil, que es como tener un hijo: es cansado y te deja sin dinero muchas veces… pero vale cada segundo del viaje jajaja. No hay nada como ver tus sueños cumplirse y trabajar día a día para que suceda.

¿Qué expectativas tienes para el futuro?

Quiero ver mi marca en pasarelas en todo el mundo y poder llevarme a mis artesanos conmigo a los shows. Quiero que puedan ver que su arte sí es valorado y reconocido; que se sientan apreciados y que, gracias a Atipana, logremos cumplir nuestros propios sueños individuales y colectivos.

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